domingo, 2 de marzo de 2014

Redondo, redondo, opiniones sin fondo.



Es impactante ver cómo la sociedad no da opiniones que ayuden a realizar un análisis de los temas que sacuden la realidad nacional e internacional, a pesar de que tratan estos temas. Si uno se pone a leer los comentarios que se hacen en las páginas de los principales medios de comunicación del país, pocas veces se pueden encontrar críticas bien realizadas. Eso sin duda podría ser un indicador de lo poco que se está formando a la gente para que haga criticas construidas con buenos argumentos y que sean capaces de sostener una conversación sin involucrar una que otra grosería, por  no decir que muchas.
Estas situaciones se ven cuando se comunican las principales noticias en las redes sociales, y es allí donde se ve como son los medios de la comunicación los que de una forma u otra terminan indicándole a su público qué opinar a pesar de que ellos creen elegir sobre qué opinan. En cierta forma es así, pero no deja de ser distinto a hablar al día siguiente con las otras personas sobre lo que ha sucedido los últimos días en Venezuela, que ha sido transmitido por los canales nacionales, o la formula vicepresidencial elegida por los candidatos de las próximas elecciones.
No por nada se dice que quien tiene la información, tiene el poder. Los medios –principalmente los televisivos- saben a la perfección esto y es a partir de este poder que los canales dominan a sus televidentes. Y es incluso inevitable que la televisión induzca a qué pensar y sobre qué hablar, incluyendo al gobierno, muchas porque son ellos los que a partir de un punto de vista que es aparentemente objetivo, inducen la toma de posición sobre un asunto en general.
Muchas veces los televidentes se dan cuenta de las descontextualizaciones y de la parcialidad a la que están sometidas cada una de las informaciones transmitidas, y por ello mismo atacan a quienes están de acuerdo con la posición del medio o de quienes se está informando allí. Lo vemos día a día, con el simple y sencillo hecho de prestar atención a las últimas noticias, como las elecciones que se van a llevar a cabo próximamente, en las protestas sociales, y en casos más concretos la destitución de Petro.
Este último ha llevado a la gente a dividirse entre los que apoyan al alcalde y entre los que no lo apoyan como resultado del enfrentamiento de una ideología. Los medios y las redes sociales han convocado a la gente a presentar una opinión al respecto, muchas veces en contra y muchas otras veces a favor, mediatizando y no provocando un análisis real de qué es lo que sucede y porqué se está destituyendo por la mala administración.
Son medios que no están interesados en hacer que la gente opine de verdad, con bases en ciertos conocimientos, sino que opine desde lo que podría llamarse, palabras que pasan de boca en boca sin ningún sentido, sin que la gente se interese en saber qué es lo que realmente sucede y pueda tomar partido sin ser influenciado por otros. Allí vemos también como es esa ignorancia la que ha condenado a los ciudadanos y a los colombianos como tal a no ser críticos sobre lo que sucede en el país, porque solo pueden ser influenciados de algo que ven y que en realidad no tienen que entender.

Estamos en una sociedad teledirigida. Nos condicionan desde lejos, y haciéndonos creer que somos nosotros los que nos condicionamos. No es así. 

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